Tengo una relación íntima con la palabra perfeccionismo. Creo que Gilbert no quiso ahondar mucho en esta sutil diferencia para no hacer el libro muy grueso, aunque hubiese preferido que hablase más de esto que de las universidades en EE.UU., siendo un tema más universal y personal para mí. Así que yo sí me detendré un momento acá a llenar el vacío semántico que tanto me hace falta connotar y articular.

Mi formación

En mi infancia, me inculcaron la clásica frase: “no importa lo que hagas mientras seas excelente en eso”. Aunque jamás me exigieron notas, esto no fue algo agresivo, solo una forma de invitarme a ser bueno en algo y alejarme de la mediocridad. Sencillamente era la idea de que si uno es bueno en algo, le va a ir bien en la vida: vas a poder pagar tus cuentas y vivir una vida honrada.

Mientras estudiaba, no había límites entre qué tan “perfecto” algo tenía que quedar. Si acaso era puntuación extra, era más como un sentimiento entre cuánto tiempo le puedo dedicar a un proyecto y cuándo siento que ya no hay más nada que pueda hacer por él.

Cuando entré al mundo laboral, el perfeccionismo también era aclamado. Si lograba hacer algo y a nadie se le ocurría cómo mejorarlo, o era justamente lo que necesitábamos para algo particular, era “perfecto”, y “perfeccionista” me lo dijeron muchas veces entre aplausos y sonrisas.

No fue hasta que migré que me encontré con esta idea de que el perfeccionismo era malo: que era una forma de gastar recursos y no conseguir resultados, que no era necesario ser tan “perfecto”, que “es mejor hecho que perfecto” y que “el perfeccionismo es el enemigo”.

Sentí que toda mi vida, que se había tratado sobre aprender a hacer sistemas perfectos (es decir, sin defectos), iba en contra de esta idea de hacer todo rápido y sin pensar mucho. “Sin pensar mucho” era una gran frase que se repetía una y otra vez en esta empresa.

Irónicamente, mi área dentro de esta empresa se había fundado debido a un accidente que causó la pérdida de un avión por no seguir un último paso dentro del protocolo establecido. Historia que se le contaba a cada nuevo miembro, pero que extrañamente se sentía desligada del espíritu cotidiano.

“Perfeccionista”, lo que alguna vez fue un gran elogio, se volvió un insulto con el cual humillaron a muchos de mis compañeros hasta hacerlos llorar en público. El cual me repitieron muchas veces entre gritos que expulsaban saliva; y mi insignia me la arrancaron, dejando una herida mal curada.

Me tomó mucho tiempo reconciliar que la verdadera intención del equipo no era crear con desperfectos, era iterar rápidamente. Pero sencillamente, ese no es mi fuerte, ni siquiera es algo con lo que me sienta cómodo. Tengo mayor afinidad hacia crear soluciones elegantes a problemas importantes que ameriten pulir y razonar.

Pertenecer

Cuando salí de esa empresa, me tomé un tiempo para viajar por Europa. Entre tantas ciudades y museos, pasé por el “Audi Automobile Museum”, que es un museo dentro de la fábrica de producción de autos deportivos de Audi, con tour por la planta de producción.

Estando allí tuvimos un guía, el cual, en medio del recorrido, lanzaba preguntas cual premios para los entusiasmados turistas. Entre sus primeras preguntas estuvo un combo que cambió mi vida:

Para los fanáticos, ¿cuántos empleados tiene esta sede de Audi?

A la que uno contestó, levantando la mano de forma muy emocionada:

¡Cinco mil empleados!

¡Muy bien! contestó el guía, siguiendo inmediatamente con otra pregunta:

¿Y cuántos perfeccionistas creen que hay dentro de estos?

A lo que todos nos mantuvimos en silencio por unos instantes, hasta que el guía rompió con la respuesta:

Cinco mil.

Inmediatamente me desbordé de emoción y empecé a llorar. Intentando con todas mis fuerzas no llamar la atención, caminé de último en el grupo para que nadie notara mi catarsis.

Cinco mil perfeccionistas orgullosos. Después de años de adoctrinamiento forzoso sobre que el perfeccionismo era malo, acá estaba viendo de primera mano cada detalle de una de las fábricas más espectaculares del mundo. Cómo cada espacio estaba ocupado para dar una solución elegante a problemas de enorme complejidad. Cómo solamente un perfeccionista pudo haber logrado dar con dicha solución, y por eso en Audi sabían que lo mejor que le puede pasar a un perfeccionista es juntarse con otro.

Así que al volver de ese viaje decidí incluir dentro de mis expectativas laborales estar en un sitio que siguiera mi naturaleza. Ahora que sabía que era posible encontrar no a uno o a dos, sino a cinco mil, decidí no conformarme con menos.

Hoy en día trabajo junto a una de las personas más perfeccionistas que jamás he conocido. De hecho, redefine completamente lo que es atención al detalle. Para él, no es perfeccionismo: él solo ve los errores con ojos que pocos tienen, llamativos y difíciles de ignorar. Vamos puliendo cada detalle cual artesanía; es simplemente algo que está en nuestra naturaleza.

Redefiniendo las virtudes de un perfeccionista

A mi interpretación, el libro habla del tipo de perfeccionismo que está ligado al miedo: el que es innecesario, maladaptativo, inalcanzable, extremo.

Como el libro que nos leímos anteriormente Cómo Mandar a la Mierda de Forma Educada, normalmente cuando los sustantivos llevan un “-ismo” al final, son versiones extremas de lo que representan.

Para mí, la perfección es que algo cumpla de forma elegante su función; que se sienta que no hay más que se le pueda agregar o quitar sin que esto altere el propósito inicial. Si evoca “ya no tengo que pensar en esto”, ¡está perfecto! Lo que no implica que no se pueda mejorar u optimizar, pero ya es adecuado.

Muchas cosas perfectas tienen detalles, como lo explica Gilbert con sus libros: un personaje no quedó bien, pero incluso ese desperfecto juega un balance dentro de una obra maestra.

Algunas palabras que aprendí a utilizar para expresar mejor las virtudes de un perfeccionista sin caer en perfeccionismo son las siguientes:

  • Alta calidad
  • Alta fidelidad
  • Mejora continua
  • Búsqueda de la excelencia
  • Escrupulosidad
  • Atención al detalle
  • Riguroso
  • Preciso
  • y mi favorita: maestría

Gilbert habla sobre que no se tiene que buscar ser un Maestro en algo o una Obra Maestra para vivir una vida creativa. Habla sobre cómo las consecuencias de cometer errores son bajas y que es mejor hecho que perfecto.

Estoy de acuerdo en todo. El único detalle es que mi inspiración rara vez se manifiesta en las artes. Y sucede que cuando haces algo creativo fuera del arte, te enfrentas al mundo real.

El mundo real tiene reglas que no puedes romper. Puedes doblarlas, y seguramente necesitarás usar un millón de trucos para hacer cualquier cosa funcionar en este medio, pero tiene que funcionar inequívocamente.

En mi medio, el perfeccionismo es una vara mucho más alta, porque como mínimo las cosas tienen que funcionar, a diferencia de lo que puedas poner en un papel, porque el papel lo aguanta todo, como solían decirme mis profesores en la universidad.

Entiendo el sentimiento que Gilbert quiere transmitir: no te quedes por siempre trabajando en algo solo por miedo, disfrazándolo de la búsqueda por lo perfecto.

Así he aprendido a trabajar iterando, pero nunca dejando de lado que algunas cosas aún no están terminadas. Una ventaja que sí tengo en mi medio es que, a diferencia de un libro, lo que yo hago lo puedo actualizar casi instantáneamente y cuantas veces quiera, lo cual me permite iterar a través de versiones. Cosa que es complicada con un libro, aunque sí existen áreas donde se publican revisiones anuales, como en la educación; para otras áreas es más complicado: el libro de literatura queda como es, y el autor comúnmente sigue su camino con otro tema sin revisar el anterior, teniendo que aceptar la inmutabilidad de su obra con sus defectos.

Y por eso creo que la vara se mueve dependiendo del medio. Tal vez las artes sean de las cosas que menos tienen que interactuar con este plano físico. Son a nuestra interpretación: son para nuestra mente y nuestros sentimientos, que tienen su propio universo fuera de las leyes de la física. Aunque ni siquiera un músico está libre de trabajar en sus obras hasta que se escuchen bien, porque incluso el oído menos entrenado tiene poco espacio para disonancias.

Es más, Gilbert trabaja diligentemente en sus obras, por años y con un nivel de calidad impresionante. Claro que podría haber hecho el índice y un párrafo de cada capítulo de una sentada. ¿Es perfeccionismo haberle dedicado multiples años más hasta esta edición que estamos leyendo?

El libro mismo es rico en vocabulario y estructuras, perfectamente editado y tan emocionante como educativo, algo que muy pocas personas habrían podido lograr y probablemente ninguna sin un esfuerzo monumental.

Creo que es asertiva Gilbert al alentar a sus lectores a darle para adelante y no pensar mucho en las consecuencias y no quedarse entrampado en parálisis analítica, evitación, miedo, etc.

Pero dependiendo del medio y de la persona (Gilbert incluida), el rigor se va haciendo más o menos necesario.

La búsqueda es interminable

La forma más adecuada que he encontrado para lidiar con el perfeccionismo concuerda mucho con Gilbert: hacer las cosas y terminar cualquier versión que sirva.

Pero lo que creo que se puede prestar a malinterpretación es que eso implique que el estudio del tópico se dé por terminado.

Eso es solo para combatir la parálisis, pero la búsqueda en sí es interminable, y casi cualquier avance significativo que haya existido es gracias a alguien buscando una mejor forma de hacer las cosas, iterando y mejorando.

La línea está en definir cuándo es suficiente para cambiar de foco, pero bien puedes durar toda tu vida persiguiendo un área de interés y avanzando nuestro conocimiento humano y colectivo en dicha área: es literalmente la definición de un PhD.

Mientras publiques, termines versiones, ediciones y tengas ciclos completos, creo que está bien comenzar uno nuevo, así sea en el mismo tema y la segunda versión.

Llevando esta defensa al límite, se pensaría que lo que no se puede es quedarse por siempre trabajando en algo sin nunca terminar la más mínima versión. Pero si los más grandes inventores muchas veces dedicaron su vida a trabajos que eran imposibles alcanzar en sus tiempos: máquinas voladoras, computadoras, electricidad, todo eso sucedió en el imaginario colectivo años antes de ser factibles.

Si bien se puede durar toda una vida feliz viviendo de forma creativa en un tema en particular, sin molestar a nadie y de forma sustentable, creo que el verdadero enemigo sigue siendo tener un estilo creativo que evoque estas palabras:

  • Tortura
  • Neurótico
  • Maladaptativo
  • Parálisis
  • Evitación
  • No cerrar ciclos
  • Buscando problemas que no existen
  • Ideal inalcanzable
  • Miedo al error, juicio, fracaso (el tipo de perfeccionismo del que habla Gilbert)
  • Y el que creo que es realmente el mayor culpable de tildar a algo como perfeccionismo: trabajar de detalles irrelevantes sin fin

Gilbert camina en una fina línea al no expandir más su definición de perfeccionismo y deja mucho espacio, casi creando una paradoja entre el esfuerzo que toma hacer cualquier cosa que no dé ganas de vomitar (que es todo lo que un novato puede crear) y el perfeccionismo, poniendo la vara del perfeccionismo muy por debajo de lo que realmente es. Así como el popular “síndrome del impostor”, no puedes llamar síndrome del impostor a sentirte inadecuado haciendo algo por primera vez, o depresión a estar triste unos días.

Creo que el punto es evitar vivir una mala vida como creador, porque se puede vivir una vida feliz y significativa sin siquiera terminar las cosas, así como no tienen que ser obras de arte, tampoco las tienes terminar, creo que la verdadera intensión de este capítulo es: No te sabotees cuando algo es suficiente. Pero queda a la sensibilidad de cada lector definir sus estándares.

Cuando superé el perfeccionismo

Cuando me apuntaban de perfeccionista, busqué dentro de mí qué comportamientos evocaban esa impresión, porque a pesar de que me gusta ser riguroso, caer en perfeccionismo es malo para mi salud y evita que haga mi mejor trabajo.

Para mí, el perfeccionismo se manifestó a través de optimizar detalles irrelevantes y la parálisis analítica. Pero una vez logré pulir mi propia definición de “terminado” y entender cómo funciono mejor como creador, surgió espacio para lograr mi vida más óptima: el multi-enfoque.

Si reduzco el perfeccionismo a su forma más atómica, diría que se trata del mal manejo del enfoque. Si lo único que controlamos es cómo usamos nuestro tiempo, entonces es nuestro uso del tiempo lo que podríamos estar haciendo mejor.

No tengo que ser perfecto en todo, pero todo necesita tiempo. Y cuando digo tiempo, no me refiero a una hora a la semana, sino a años de dedicación. Entender esto es clave. Para mí, hay que diluir el objetivo en una escala de años: ese es el secreto.

Y aunque todo lo que hago le dedico cantidades industriales de tiempo, nada está completo y nunca he producido una obra maestra. Hoy en día puedo decir con mucho orgullo que mi lista de hobbies es enorme. Tengo múltiples áreas de interés y me divierto gracias a eso. Jamás me había sentido tan cerca de mi máximo potencial como hoy en día. No solo me alcanza sino que me sobra el tiempo para hacer todo lo que quiero estar haciendo.

Entre más aprendo a utilizar mi tiempo, ¡me hago resbaloso ante las garras del perfeccionismo!

Por ejemplo, si noto que estoy en parálisis por análisis, sé que eso va a resultar literalmente en dolor de cabeza. Tengo que cambiar de sombrero y hacer otra cosa, ojalá algo que tenga que ver con mi cuerpo y no con mi mente para darle espacio para relajarse. Sé que mi mente va a seguir trabajando en segundo plano y la solución me puede llegar en una ducha más adelante.

Sino puedo sacar toda una canción publico solo los primeros compases hasta donde alcancé a sonar bien, incluso corto partes donde soné mal, así eso sean 20 segundos. 20 segundos suelen significar 200 horas de estudio y practica fácilmente, así que para mi esta más que bien publicar 20 segundos.

Y si un video quedó con mal audio, aprendo para la próxima, y si para la próxima veo 10 cosas que mejorar, me enfoco solo en una y comprendo que el 11vo video ya no tendrá esos 10 errores, porque mi tiempo es finito para experimentar todo lo que quiero vivir.

Y si me doy cuenta de que estoy mucho tiempo buscando problemas que resolver, es porque logré todo lo que tenía en mente. Me felicito y publico lo que sea que esté haciendo. Capaz mañana interactúo de nuevo con eso y me dé ganas de vomitar, pero por hoy ¡está perfecto!