TikTok no deja de mostrarme covers de End of Beginning. Con este último me animé a cantar y, al escucharme, dije: oye, no está tan mal.

Recién salido de la ducha

Me gustó mucho la segunda parte, más aguda, aunque el inicio estaba mucho más grave de lo que esperaba.

Pero los cambios de altura se sienten bien. No sé si es que ya me acostumbré a mi voz, pero no me suena forzado; pareciera que supiera dónde están las notas y todo, jajja.

Después de internalizar más el tono de TikTok

No me gustó el “just” del principio. Creo que mi garganta no estaba en la posición correcta.

Es algo que me suele suceder y he aprendido que es clave para que cantar suene bien: tengo que estar en la posición adecuada (tener la nota lista) en mi garganta antes de pronunciar la primera nota, porque si no es como una curva que empieza en algún lado e intenta aterrizar en la nota que busco. Es incómodo de escuchar. Me pasa también entre pausas: relajo la garganta y, al continuar, debo buscar la nota ya cantando.

El hey! del final tampoco me gustó tanto. Creo que, si continúo la siguiente estrofa, tiene sentido, pero como no lo haré, creo que la grabaré de nuevo, comenzando bien y terminando hasta donde la melodía se mantiene.

Auto tune

¿Sí o no que el principio parece auto-tune? Cero, es mi voz 😏.

Honestamente, con audífonos me cuesta creer que mi voz suene a canción, y yo normalmente canto y solamente suena a que estoy estirando palabras 🤣.

Me di cuenta de que había cierta reverberación natural en el pasillo y decidí intentar grabar ahí, a ver si lograba el mismo efecto de Laura no está.

Pasillo

Perdí el toque que tenía al principio; lo sentí muy plano. Creo que lo que estaba haciendo se llama Melisma (pero ni idea, porque no sé nada de teoría).

Ups, esta segunda versión en el pasillo me gustó aún menos. Así que solo grabé la primera parte varias veces hasta acostumbrarme al pasillo:

  1. No pude hacer el melisma.
  2. Creo que lo puedo hacer mejor.
  3. Mejoró el principio, pero faltó el final.
  4. Nop, faltó todo.
  5. Peor aún. Creo que, aparte de todo, estoy saturando el micrófono. ¿Y si lo alejo?
  6. Demasiada reverberación. Aunque sí resuena con las paredes, no lo hace de la forma que sucede en Laura no está. Último intento con todo lo que he aprendido:
  7. Me rindo.

En el cuarto

Sorprendentemente, en el cuarto se siente mejor el audio: menos reverberación, pero… le cambié el tempo a la canción. Ahora es como un slow down y me duele la garganta, lo que ha sido un problema últimamente.

Proyectar la voz

Al principio de mis clases de canto me sorprendí al escuchar que mi voz no se proyecta en lo absoluto; se siente como metida para adentro. Pero con el tiempo he puesto empeño en cantar “para afuera”, y estas tomas son la muestra: antes hubiese sido un susurro.

Sin embargo, surgió un efecto secundario: se me cansa la garganta. Es algo así como que, entre que se me reseca y se me inflama, voy perdiendo la voz. Después de unas cuantas grabaciones, ya al final (como hoy), mi voz está agotada y sencillamente no suena tan bonita como al principio; se siente la garganta carrasposa, menos dinámica y duele.

Mi favorita

Creo que, en retrospectiva, las primeras tomas, mientras estaba feliz, inspirado y despreocupado, fueron los que se escucharon mejor. Intenté mejorarlos y lo que conseguí fueron lecciones de qué no hacer. Aprendí algo, al menos; así se mejora cada día.

Hay una clara línea entre diversión y frustración. Se hace evidente cuando no logro controlar mi ambición, cuando mi sentido de la estética necesita algo mejor pero mi habilidad no logra satisfacerla. Lo bueno es que, con el tiempo, he logrado identificar cuándo detenerme, como hoy: suficientes intentos para saber que los primeros me gustaron y que he estado avanzando. Me habrá tomado unos diez minutos, pero ya estaba dejando de ser divertido, así que me detuve. Si al final esto es solo para entretenerme.

Sobre Chicago

Para mí, End of Beginning de Joe Keery es toda una obra de arte: captura un sentimiento de nostalgia e identidad muy particular. Mi única disonancia con la canción es que menciona “Chicago”; en vez de ser esta ciudad mágica, es una ciudad que nunca he pisado, pero he aprendido a dejarlo ir y a abstraerme de cualquier sentido patriótico de la canción.

Aunque, en momentos como este, me siento un poco ridículo por estar cantando sobre una ciudad que jamás he pisado, pero no se trata de eso, ¿verdad?. Yo tengo mi Chicago, que ni siquiera es una ciudad: son aquellas personas que me hacen sentir como antes, como quien alguna vez fui, como quien aún soy en mi interior; antes de las decepciones, de aprender a defenderme y volverme duro, de que el mundo fuese a cien por hora, donde solo sentía el sol en el rostro, la brisa en todo mi cuerpo y plena felicidad de ser joven.

Después de haber escrito este artículo

Al escucharme cantar de nuevo, no puedo evitar armonizar, y, Dios mío, se viene parte II, porque es que necesito una versión a cuatro voces de esto. Quiero escucharla.

Gracias por escucharme

Hago esto por diversión y aprendizaje, para alcanzar nuevas alturas y tener nuevos propósitos, me da risas, lagrimas e inmensa frustración; me cuesta aprenderlo, ejecutarlo y publicarlo.

Y por eso quiero darte las gracias por acompañarme, si tienes algún consejo lo sabría apreciar.

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